Qué aportan los traductores jurídicos a la estrategia de comunicación de los despachos

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«La traducción no es solamente cuestión de palabras:

se trata de hacer inteligible toda una cultura», Anthony Burgess

 

Cuán cierta esta frase en una época en la que podría pensarse que la globalización derrumba los muros entre las culturas y obliga al mundo entero a plegarse a las dominantes.

Lo cierto es que ocurre todo lo contrario. Las empresas tienen clara la importancia de establecer relaciones que trasciendan las diferencias culturales con clientes y colaboradores de otros países y el desafío que eso implica.

 

Los despachos no son diferentes. Se enfrentan a los mismos retos, con el añadido de que, al trabajar con clientes extranjeros, no solo se encuentran dos culturas generales, sino también dos culturas jurídicas.

Los traductores jurídicos ayudamos a los despachos a trascender estas barreras, resolviendo los complejos problemas terminológicos que surgen de las diferencias entre sistemas jurídicos e institucionales.

Pero ¿qué aportamos concretamente los traductores jurídicos a la estrategia de comunicación de los despachos?

1) Gestiona las diferencias culturales y ahórrate malentendidos

En su encuesta Competing across Borders, The Economist reveló que el 90 % de los directivos de multinacionales entrevistados consideraron que la comunicación intercultural era necesaria para aumentar sus beneficios, y el 64 % estimó que la competencia cultural era más importante que otros factores de riesgo, como el político y el financiero.

Si quieres minimizar los riesgos y aumentar las posibilidades de cerrar negocios en nuevos mercados, debes tomarte en serio las diferencias culturales.

Pero estas diferencias van mucho más allá de las normas de protocolo, como si corresponde estrechar la mano o utilizar títulos profesionales al presentarse. Se trata de conectar emocionalmente con el interlocutor y establecer una relación de confianza y entendimiento mutuo que supere las diferencias lingüísticas y culturales.

Los buenos traductores jurídicos son, ante todo, mediadores culturales. No se contentan con traducciones literales, sino que se esfuerzan por comunicar sentido, incluso cuando no existen términos equivalentes.

Por ejemplo, el término «Company House» puede traducirse como «la institución en la que se registran las sociedades mercantiles en el Reino Unido» para ayudar al lector a comprender el sentido.

Además, los términos mercantiles y jurídicos pueden ser distintos en culturas diferentes con un mismo idioma. Por ejemplo, los «estatutos sociales» son los «articles of association» en el Reino Unido y los «bylaws» en Estados Unidos.

2) Gana tiempo y precisión en tus traducciones

Gracias a su experiencia y su formación, los traductores jurídicos cuentan con un arsenal de herramientas y técnicas de traducción que no tienen otros profesionales bilingües y formados en Derecho para hacer un buen trabajo. Estas son algunas:

Los corpus

Los traductores jurídicos son especialistas en localizar la información más adecuada en el menor tiempo posible. Suelen trabajar con corpus bilingües de documentos auténticos que les ayudan a identificar los rasgos de cada tipo de texto, saber qué palabras acompañan mejor un término y argumentar mejor la elección de la terminología.

Los neologismos y los extranjerismos

Como en los negocios, en la traducción no existe una única estrategia, sino una multiplicidad de soluciones en función de la cultura, el tipo de texto y la finalidad de la traducción.

Muchas veces los traductores tienen que elegir entre traducciones más seguras pero crípticas y alternativas más comprensibles para el lector.

Por ejemplo, el neologismo crowdsourcing puede dejarse en la lengua original, explicarse (subcontratación de un trabajo a un amplio grupo de personas), traducirse con un término que condense su significado (colaboración masiva) o con un calco (externalización a las masas).

Los falsos amigos y la polisemia

Los traductores jurídicos han aprendido a detectar los falsos amigos, los términos polisémicos y todo un repertorio de trampas lingüísticas para evitar cometer serios errores de sentido que echen por la borda las negociaciones o la reputación de sus clientes.

Dos ejemplos de falsos amigos son «sentencia» (judgement) y «sentence» (condena), y «demandar» (to sue) y «to demand» (exigir).

Un término polisémico es «fianza», que puede traducirse por «bail», en una causa penal, o por «security deposit», en un contrato de arrendamiento de inmueble.

Muchos términos tienen un equivalente perfecto (por ejemplo, «vicios de la voluntad» y «defenses to contract formation»). Pero otros no tienen contrapartida y hasta pueden ser «intraducibles», como la figura española del procurador en una traducción al inglés.

3) Protege tu reputación ante clientes extranjeros

Las normas de escritura

Según la correctora Manuela Mangas Enrique, los sectores jurídico y empresarial son dos de los más afectados por el mal uso de las normas ortotipográficas, en especial, la mayúscula, que empobrece los textos y daña la imagen de las empresas.

Por ejemplo, es común ver con mayúscula los nombres de los órganos de una sociedad utilizados en sentido general (Se celebró una Asamblea General de Accionistas; Se reunieron en una Junta General) o los cargos (Presidente del Gobierno, Jefe del Estado, Director, etc.), que deberían escribirse con minúscula.

También existen diferencias entre las normas de escritura de lenguas distintas. Por ejemplo, mientras que en español escribimos «Biblioteca Nacional» y «Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano», en francés escribimos «Bibliothèque nationale» y «Déclaration des droits de l’homme et du citoyen».

Además de reglas de escritura, existen convenciones de redacción que hacen que el lector objetivo se sienta más cómodo con el texto, como la del uso de iniciales mayúsculas en los títulos en inglés. P. ej.: «How to Apply for a Spanish Residence Permit».

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4) Trabaja con traductores que saben de Derecho

El sistema legal de cada país es el fruto de una tradición y de una cultura jurídica forjadas a lo largo de su historia. Por eso es imposible traducir textos jurídicos sin un conocimiento previo de Derecho.

¿Cómo se puede marcar la diferencia entre el «barrister» y el «solicitor» si se desconocen las funciones de estas dos profesiones en el sistema inglés y si existen equivalentes en español?

¿Cómo traducir «tribunal d’instance» y «tribunal de grande instance» si no se sabe qué lugar ocupan estos órganos jurisdiccionales dentro del sistema judicial francés?

Los buenos traductores jurídicos invierten mucho tiempo y dinero para convertirse en expertos no solo de ambas lenguas, sino también de ambos sistemas jurídicos.

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